miércoles, 30 de mayo de 2007

Astérix el galo

Su nombre es Andrés, tiene 62 años y ha pasado toda su vida entre harina, azúcar, nata y chocolate. La fama de sus pasteles se extendía más allá de las fronteras de su barrio. Trabajaba muchas horas para un pequeño horno familiar, empezó con ellos y envejeció junto a los dueños. Llegó un momento en que los hijos de los propietarios debían elegir entre continuar con el negocio familiar o no hacerlo. Decidieron no hacerlo y el horno cerró sus puertas.

Había llegado el momento. Después de muchos años de trabajo, era hora de relajarse. De vivir el tiempo libre que hasta ahora no había tenido.

Junto a sus hermanos heredó un pequeño terreno, lejos del centro urbano de un pueblo de Valencia. El terreno se hallaba en tierra de nadie, sólo árboles, matorrales y piedras. En ese lugar decidieron construir con sus propias manos una casa, para que sirviera de refugio familiar los fines de semana, para saborear la paella de los domingos. Lejos de la ciudad, lejos de los coches, lejos del ruido, lejos de todo. Trabajaron duro, muchos fines de semana, puentes y vacaciones. Allí disfrutó viendo jugar a sus hijos, a sus sobrinos y ahora a sus nietos.

Otras personas siguieron sus pasos y también construyeron sus casitas, lentamente, con mucho esfuerzo y sacrificio. Actualmente forman una pequeña comunidad de una treintena de casas. En la que todos se conocen, como pasaba antiguamente en los pueblos pequeños.

Hace unas semanas el Ayuntamiento envió a todos los vecinos una carta. En ella se les informaba de que se iba a proceder a la urbanización de la zona. Asfalto, alcantarillas, y farolas. Para ello cada familia debía hacer frente al coste de las obras. En el caso de Andrés, 10.000.000 de las antiguas pesetas.

Pero ni Andrés ni su familia tienen ese dinero ni posibilidades de conseguirlo. Ante esta situación el Ayuntamiento, muy generoso, les ha hecho una propuesta: ellos se hacen cargo de la parte económica y cuando fallezca Andrés, la propiedad del terreno y de la casa pasará a ser del Ayuntamiento.

Dicen las malas lenguas que detrás de este afán por urbanizar existen algunos intereses ocultos, algún campo de golf, chalets y adosados y clubes deportivos para gente v.i.p.

Andrés y los demás vecinos de la comunidad están desolados. Toda la vida trabajando para conseguir algo y ahora se lo quieren quitar.

Desde aquí, amigo Andrés, te recuerdo la existencia de una pequeña aldea en la que un puñado de indestructibles galos hicieron frente al todopoderoso imperio romano. Pues bien, ahora os toca a vosotros convertiros en esos galos y luchar contra el urbanismo despiadado del Ayuntamiento. Llevas toda la vida peleando por defender lo tuyo y estoy convencido de que todavía te quedan fuerzas para seguir luchando.

Andrés te toca ser Astérix. Ánimo y a por ellos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Wapas estas historias .

Anónimo dijo...

cuanta gente se sentira identificada verdad?